Paseo: Parque Isidora Goyenechea Cousiño.



Un lugar que alberga más de 100 años y que fue un centro económico importante para Chile por más de un siglo entre 1850 y 1950.Conservado y cuidado por Isidora Goyenechea (1836 - 1897), la mujer más rica de Chile en el 1800, esta península de aproximadamente 14 hectáreas contiene una colección de arboles centenarios, autóctonos y del extranjero cultivados de tal manera que ahora esto es un jardín botánico en el fondo. Nada de lo que se ve aquí es natural pues fue diseñado por el paisajista inglés Bartelet, entre 1862 y 1872, luego el parque fue continuado por Reilly.
En el largo sendero aparece una piscina llena con un agua inmóvil y cristalina que esta incrustada en el verde terreno sin nada que la rodea ni nada que explique su formación solo una blanca figura yace plantada en su extremo opuesto.
Una vez que se reanuda la marcha vuelve a coordinarse el sonido del camino de conchas crujiendose al caminar.
Más adelante uno se encuentra con la historia mirando el antiguo muelle del golfo de Arauco donde las ceramicas era exportadas y donde el carbon era almacenado en grandes barcos que zarpaban hacia otros países. Era la industria más fructifera de Chile en aquellas epocas. Más abajo alla en el fondo se aprecian los galpones donde eran fabricadas las ceramicas y la orfebrería por las esposas de los mineros. Esto es una vista del extremo izquierdo del parque mirando hacia el sur, con el fondo de la playa de Colcura y aun más alla la ciudad de Arauco.
En el centro se encuentran los recuerdos del palacio Cousiño derribado en el terremoto del 60. Hoy se ha emplazado unos trazados donde figuran rectangulos repletos de rosas, lo que da nombre a esta parte El valle de las rosas.
Asi transcurre el tiempo recorriendo el Parque, entre árboles, esculturas, vistas hermosa.. una buena alternativa para educarse, culturizarse, aprender de nuestra cultura e identidad regional y nacional; pasar el tiempo en familia o con amigos. O como nosotros: educándonos como compañeros de curso.

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Quien es Baldomero Lillo?

Nació el 6 de enero de 1867 en Lota, ciudad minera del sur de Chile. Hijo de José Nazario Lillo Mendoza y Mercedes Figueroa. En los primeros años de su vida, Baldomero tuvo la influencia de su padre, quien se desempeñó en actividades de capataz o jefe de cuadrilla en las minas de carbón. Bajo su influencia Baldomero Lillo pasó a ser empleado subalterno en una de las pulperías de la Compañía minera. Allí, debido a su trabajo, pudo disponer de tiempo para leer toda la literatura que cayera en sus manos.En Santiago, fue funcionario administrativo de la Universidad de Chile, prosiguiendo sus lecturas, se vinculó con otros escritores en la Colonia Tolstoiana, como Fernando Santiván y, tras una fugaz incursión en la poesía, publicó los libros de cuentos Sub Terra (1904) y Sub Sole (1907), de corte naturalista.Los ocho cuentos que forman Sub Terra entregan un panorama desolador. Hombres aniquilados por la servidumbre del trabajo, se muestran empeñados en cumplir tareas que no les interesan, sólo les preocupa el dinero para llevar a los hogares. Por sus páginas desfilan inválidos, huérfanos y viudas, que forman parte del mundo brutal y agotador de las minas de carbón. La publicación de Sub Terra trajo mayor preocupación por el tema social de los mineros y de las industrias, donde correspondía realizar una urgente intervención del Estado para mejorar las condiciones de trabajo de estos sectores.

Baldomero Lillo falleció el 23 de septiembre de 1923.

La compuerta nº12 (fragmento)

Pablo se aferró instintivamente a las piernas de su padre. Zumbábanle los oídos y el piso que huía debajo de sus pies le producía una extraña sensación de angustia. Creíase precipitado en aquel agujero cuya negra abertura había entrevisto al penetrar en la jaula, y sus grandes ojos miraban con espanto las lóbregas paredes del pozo en el que se hundían con vertiginosa rapidez. En aquel silencioso descenso sin trepidación ni más ruido que el del agua goteando sobre la techumbre de hierro las luces de las lámparas parecían prontas a extinguirse y a sus débiles destellos se delineaban vagamente en la penumbra las hendiduras y partes salientes de la roca; una serie interminable de negras sombras que volaban como saetas hacia lo alto.
("Subterra", Baldomero Lillo.)

Vide de minero: Huellas indelebles.

Ahora para ustedes todo es fácil, no saben cuánto tuve que sufrir en mi niñez para llegar a ser lo que soy. A mi padre prácticamente no lo conocí, aunque ni siquiera era el marido de mi mamá; mis nueve hermanos mayores tenían diferentes apellidos, claro que yo no entendía la razón. Lo cierto es que a los 5 años se murió mi mamá y quedé solo en el campo (en los alrededores de Copiulemu), siendo recogido por una familia que, según ellos, eran mis tíos, aunque hasta ahora ignoro el parentesco.Bueno, ahí tuve que empezar a trabajar. Tenía que cuidar y buscar los animales, y con frecuencia regresaba muy tarde a casa, terminada mi labor, muchas veces de noche. Y me decían “acuéstate no más porque mañana tienes que levantarte muy temprano”. Con lágrimas en los ojos me acostaba muy cansado, y con mucha hambre. Lo peor era en invierno porque ni siquiera tenía zapatos, así que a patita no más tenía que salir. Qué frío, especialmente en mis pies, mucho frío. Y mientras caminaba por el campo aun siendo oscuro, qué agradable era encontrarme con guano de animal, especialmente los más recientes, porque introducía mis pies muy helados dentro del guano, y en alguna medida podía sentir esa agradable sensación de calorcito en mis pies.Para qué contar cuando llovía, ahí era mucho peor, porque al regreso de buscar los animales y con la ropa mojada tenía muchas veces que acostarme tal como llegaba, claro que en esas condiciones me hacían dormir en la paja. Si hubiesen visto ustedes cuando, después de un rato de estar acostado, mi cuerpo empezaba a humear. No sé cómo no me enfermaba, doy gracias a Dios, que desde ese tiempo ya me cuidaba¿Se dan cuenta ustedes como era la vida antes? De chico había que ganarse la vida, no como ahora, los niños son muy cómodos y quieren todo regalado.”Este relato que hacía mi padre cuando yo era niño lo contó innumerables veces, indudablemente que con muchos más detalles, y al hacerlo, sus ojos se llenaban de lágrimas, y en muchas ocasiones lloraba amargamente, y a mi me daba mucha pena.Esto lo recuerdo con mucha claridad, puesto que cada vez que bebía era lo mismo. Le gustaba conversar mucho y acordarse de su niñez (no así de su adolescencia ni de su juventud, de lo cual nunca hablaba), y no me cabe ninguna duda que lo que él contaba era verdad, porque cada vez que lo relataba era como una réplica de lo anterior.Eso si, jamás le escuché contar nada de esto cuando estaba sobrio, porque él era muy tímido para conversar cuando estaba “sanigüeno”. Lo que hacía sin ningún problema era leer en voz alta, especialmente las historias de la Biblia, y le gustaba que mi mamá estuviera atenta a su lectura, y ella se alegraba mucho al oírlo porque mi papá nunca fue a la escuela y con mucho orgullo comentaba que había aprendido a leer y a escribir de adulto, enseñado por una señora que él llamaba con mucho afecto “la señora Isabel “ quién por propia iniciativa (entiendo) se había hecho el compromiso de enseñarle a “este huasito” que no sabía “ni la ‘o’ por redonda”. Naturalmente que su lectura era algo defectuosa y le costaba mucho unir palabras con más de dos sílabas.También recuerdo muy claramente cuando él afilaba los serruchos de los mineros, labor que realizaba en un banco que tenía a un costado del corredor. Aún permanece en mi mente el singular sonido de la lima al rozar los dientes del serrucho. Considerando el comentario que hacían sus amigos, al parecer era muy bueno en este oficio, lo que además le reportaba un ingreso extra, que generalmente lo usaba para comprar cigarrillos.También le gustaba mucho contar cómo había conocido a mi mamá:El se vino del campo a Lota, habiendo oído que en esta ciudad había trabajo; llegó lleno de sueños y esperanza. Lo primero que tuvo que hacer fue averiguar donde se alojaría, y por un dato llegó al pabellón 55 de Lota Alto, donde había una señora que daba pensión, con alojamiento incluido. Claro que el alojamiento era condicionado al turno que le asignaran en la mina, considerando que las camas no eran suficientes para todos los pensionistas, de modo que si a él le tocaba el tercer turno, debía compartir la cama con el que andaba en el primero. “Cuando yo andaba en el tercero, encontraba todavía la cama calentita al acostarme por la mañana”, comentaba graciosamente.Lo interesante de esto era que la señora que ofrecía la pensión tenía, entre otras, una hermana que era de Arauco, que regularmente venía a Lota a vender productos del campo, y con frecuencia visitaba a su hermana del pabellón 55. Así fue como la conoció mi padre, quien pese a su timidez, de alguna forma se las arregló para conquistarla, y qué bueno que haya sido así, porque de lo contrario yo no estaría contando esto.Ése es mi padre, entre otras cosas muy bueno para la rayuela. Nosotros vivíamos al final del pabellón 56. En la esquina había una cancha de tejos, y especialmente los días domingos éramos despertados por el ruido que producían los tejos al chocar entre sí. Obviamente no jugaban dinero sino que apostaban una o dos botellas de vino por partido, y lógicamente cuando ya el sol se ponía y se terminaba el juego, muchos de los participantes estaban muy “curados”, y entre ellos mi padre, de quien teníamos que estar pendientes mi hermano mayor y yo, para llevarle a casa (tarea que no era fácil de realizar debido a las muchas veces que se despedían).En esas famosas “despedidas de curados” bastaba sólo una frase o una palabra para acordarse del trabajo que realizaban en la mina. Ahí sí que había que tener paciencia, pues cada uno de los participantes de la conversación era mejor que el otro en sus faenas. Estas “despedidas” en ocasiones se prolongaban por horas. Y cuantas cosas conocí de la mina sin nunca haber bajado a ella, todo esto producto de lo que ellos conversaban y discutían: que el barretero, que el apir, que el contratista, que el disparador, que el mayordomo, que lo incómodo de la jaula, que no se qué del tráfico, y que la veta, y así un sinfín de términos y situaciones que ellos conversaban.Eso sí, mi viejo aprovechaba la ocasión para elogiar a mi mamá, de lo bien que le preparaba el manche y la charra, y que ella misma se los ponía en el guameco, y tanto la amarra como el fañamán siempre estaban impecables.No entiendo bien la razón de por qué me acuerdo con tanta claridad de estos episodios. ¿Cuántos años tendría yo en esa época? Creo que fue entre los 6 y 9 años aproximadamente. Ahora tengo 53 años, y cada año que transcurre aprecio más y más al esforzado minero. Creo mi deber valorar el esfuerzo de estos hombres que, con mucho sacrificio, hicieron de Lota y su gente lo que ahora es. ¿Cuántos profesionales, cuántos artistas, cuántos hombres públicos han salido y siguen saliendo de esta querida ciudad? Y esto, producto de estos héroes anónimos que, pese a su falta de cultura y de oportunidades, no se resignaron a su suerte, sino que lucharon sin cesar. Para que sus hijos no vivieran las mismas limitaciones que ellos.Volviendo a mi padre, cada vez que había pago teníamos que estar pendientes de sus planes, porque “en una de ésas” se juntaba con algún amigo en la oficina de pago, y se las encumbraban para Lota Bajo. Ahí sí que era peligroso, no lo digo por si hubiera delincuencia o algo así, si no que llegando a Lota bajo se entusiasmaban y se ponían a tomar y a gastar la plata que era para la comida, aparte de que había que salir a buscarlo, tarea que realizábamos con mi hermano mayor. Tal era esta rutina que mi padre se jactaba de ello, que incluso apostaba con sus amigos que sus hijos le irían a buscar. Para qué mencionar ese día que no pudimos encontrarlo, puesto que en Lota Bajo se paseaban de bodega en bodega, y por mucho empeño que le pusimos, no pudimos ubicarlo, y el había apostado. Cansado de esperar que sus hijos llegaran a buscarlo, fue llevado por sus amigos hasta la casa, y llegó gritando y retando a mi mamá que “no se preocupaban de él” y que había perdido una apuesta.Si algo me agradaba era cuando en algunas ocasiones en que lo buscábamos en las bodegas, él me tomaba y me subía arriba de una pipa (de esas grandes que contenían vino) y me hacía cantar. Yo no tenía vergüenza en hacerlo, y cuando terminaba de cantar la primera canción (que siempre era la misma, “Cantarito de greda”), él daba la iniciativa dándome una moneda, lo que sus amigos imitaban.En honor a la verdad, nunca tuve buena voz, pero creo que en esos tiempos los niños éramos muy tímidos, y más que nada valoraban el atrevimiento de hacerlo. Cuando regresábamos a casa, yo iba muy feliz, con algunas monedas en mis bolsillos, las que generalmente me servían para comprar útiles escolares.Ésta es brevemente la historia de mi viejo, un minero lotino cien por ciento, que aunque no fue un padre muy preocupado de sus hijos (pues las preocupaciones se las dejaba a mi mamá), pudo de algún modo inculcarnos que “el hombre sin estudio no valía nada”, lo que en alguna medida influyó a que algunos de sus hijos sacáramos por lo menos la enseñanza media. En la actualidad hay algunos nietos profesionales y otros caminando hacia alláMe parece oportuno decir que mi padre entendió por fin que el beber no le ayudaba en nada, muy por el contrario, mucho le perjudicó, y puedo decir con satisfacción que hace aproximadamente 15 años que dejó de beber.Al momento de este relato, mi viejo tiene 88 años. Aquejado de un problema en la cadera, pasa la mayor parte del tiempo postrado en cama, al buen cuidado de su hija mayor. Pese a que está un poco sordo, su mente permanece lúcida y llena de recuerdos.
Rigoberto Acosta Molinet
Lota, abril de 2007.-

Himno del Minero


Estribillo:

Los mineros queremos honrar

al que sigue la ruda labor

de extraer bajo el fondo del mar

el carbón, el carbón, el carbón.

I.

Trabajando las minas de Lota

se oyó el ronco y febril martilleo,

del obrero que lanza su nota

al abrir el tenáz laboreo.

No le arredra al temor y no cede

al peligro que pueda encontrar,

el minero jamás retrocede,

pues su lema es siempre triunfar.

II.

Por el bien de su patria y hogar

alza listo el viril barretero,

a través del venero triunfar

su alma noble y su pecho de acero.

A la luz de su lámpara sigue,

día a día con su rápido afrán,

tras la beta que activo persigue

con la fe de valiente titán.

III.

Al esfuerzo y valor del minero

debe el mundo su rápido andar,

el carbón se convierte en dinero

y da impulso a vivir nacional.

El carbón mueve el buque y el tren,

de la fábrica enciende el fogón.

Ya se emplee en mover o hacer bien,

luz y avance da siempre al carbón.

Una leyenda.

Llevo tiempo ya supervisando y guiando a la gente a través de la mina Chiflón del diablo, para darle a conocer lo que los ex-mineros han vivído en estas galerías, y que yo como uno de ellos tambien viví. Hablamos de nuestra experiencia, recorremos sus pasajes, contamos extraordinarias leyendas. Pero ninguna se compara con el miedo que un día tuve que pasar.
Como cualquier otro día, me tocó bajar a supervisar la mina. Estaba completamente sola; sin turistas, sin compañeros ni cualquier otra persona a lo largo de todo el lugar. Entonces me senté a descansar, llevaba un buen tramo recorrido. Apague mi linterna, todo estaba en absoluta oscuridad, silencio ensordecedor, tranquilo y sereno.De pronto de un segundo a otro se quebro el silencio; "TAC TAC TAC TAC!" Alguien estaba golpeando las paredes "TAC TAC TAC.." Se oía una pica escudriñando el carbón, entonces prendí mi linterna y fui a mirar al otro lado para ver de que se trataba.. Y no vi a nadie, nada, absolutamente vacío y el sonido había cesado!
Entonces salí corriendo lo más rápido que pude, entre tropiezo y tropiezo.Llegando arriba a contar lo que viví a mis compañeros, bastante afectado todavía: fui víctima de un mes de la burlas! El loco, el perseguio', cuanta cosa más se les ocurria.
Un dia un viejo compañero se me acerca y en mis manos deja un libro. Abrelo en la página 32 - me dijo.- Ahi esta la cuestión que sentiste.
Se relataba la historia de un viejo que parecía máquina para sacar el carbón, extraía una cantidad inmensa diariamente que superaba a todo el resto en cantidad a sus compañeros, y a una velocidad increíble, sumándole a esto que el hombre tenía sus buenos años encima. Era realmente admirado por cada trabajador de la mina, y nadie se explicaba el porque de todo esto. Solo les quedaba envidiar.
Hasta que un día llega un hombre muy joven a la mina. Al enterarse del viejo que ya era leyenda, lo desafía. "Tu y yo bajo la mina en oscuridad, quien saca más carbón a más velocidad. Y te apuesto que te derribo como a un viejo mito!". El viejo rió. Y aceptó el desafío. Entonces el día llegó. Los dos bajo la mina, en oscuridad.. un, dos, tres! cada uno empezó a picar a gran velocidad, a romper el carbón. Y así pasaban horas y horas sin parar. El joven comenzó a cansarse, pero no se rendía. Escuchaba al viejo, que no había variado ni un segundo en su ritmo. Parecía imparable, mientras él se sentía cada vez más cansado, cada vez peor. Hasta que no pudo más. Y se rindió.
Mas aun así el viejo no paraba. "Eh, hombre, ya me eh cansado, puedes parar. Haz ganado tu." Pero seguía picando "TAC TAC TAC.." Decidió a saber como es posible que continuara tal como en el principio, prende la linterna y lo va a ver. Cuando es un susto el que se lleva al mirarlo.. y ver que esta durmiendo! Gira la vista, y era el mismísimo diablo el que esta picando el carbón!
Asi que este viejo tenia pacto con el diablo, y este le hacía su trabajo..
Entonces.. no se usted, pero yo no vuelvo a bajar NI LOCO a la mina!